Todos lo sabemos, pero no es una verdad que concite titulares de prensa. Nuestra fisonomía, la de los colombianos, es muy variada debido a nuestra composición multiétnica. Y esto no es solo del dominio de antropólogos y genetistas, sino de una profesión con menos prestigio académico: la del artista del retrato caricaturesco.
¿Cuál es el punto? Pues que según nuestras observaciones, a los colombianos, que en la gran mayoría somos mestizos, todavía nos ofende (cuesta creerlo, pero ¿cómo decirlo de otro modo?) reconocer nuestro aspecto físico porque crecimos con la idea de que el rostro bello es el del blanco occidental, el tipo caucásico que siglos de exposición a la cultura euroamericana se nos ha vendido en cine, publicidad, y todas estas manifestaciones culturales exógenas.
Los artistas del retrato caricaturesco, principalmente los que participan en los eventos de caricatura en vivo, han recorrido el país mostrándonos "cómo somos realmente" los colombianos. Es una labor de investigación antropológica y detectivesca ignorada por la Academia porque la caricatura todavía es discriminada como un arte menor. Sin embargo, el artista de la caricatura fisonómica realiza una labor similar a la del retratista forense, pero eleva su trabajo a la categoría de una pieza gráfica digna de ser exhibida como expresión artística.
Quisiera proponer a los caricaturistas de la Región llanera que colinda con Villavicencio, el montaje de una exposición de este talante. Una exhibición de caricaturas que muestre la pieza gráfica ya realizada junto con la foto del modelo caricaturizado. Algo como lo que hacen en Villavicencio Jeisson Tovar (Jeyko) y Oscar Mancera. Una muestra con intención pedagógica que podría tener como complemento la actividad de caricatura en vivo, y una serie de talleres de creación de personajes e historietas con los niños. Incluso se podría invitar a los investigadores del fenómeno para catalizar el debate.
En Acacías contactamos a David Cometa, un chico, joven talento de la caricatura, que hace esta labor pedagógica con los niños del municipio. Es muy probable que en los municipios cercanos a la capital del Llano, como Restrepo y Cumaral, encontremos este tipo de artistas y formadores de artistas que comparten con sus comunidades el placer de dibujar, pintar, y divertir con la representación del retrato personal en modo de caricatura.
En medio de una cultura global que tiende a uniformizarlo todo (pero sobretodo la representación del rostro), la labor del artista gráfico sin pretensiones de grandilocuencia —muchas veces en el ejercicio solitario de su taller, o en medio del bullicio que acompaña un evento de caricatura en vivo—, surge como un atisbo de resistencia al reduccionismo seductor de la imagen artificial que se multiplica en las pantallas de nuestros dispositivos electrónicos. Cuando no es la voz del propio artista, es la voz del sociólogo, la del etnógrafo, o la del teórico del arte; pero todas estas miradas podrían perfectamente darse cita en una Expedición Caricatográfica como la que proponemos.
Estas podrían ser algunas de las líneas temáticas que llenarían esa expectativa formal:
El retrato caricaturesco como elemento recurrente en las imágenes populares (Christopher Pinney), como máscara dotada de poderes mágicos (Claude Lévi-Strauss), como medio para la deformación teratomórfica (James Clifford, Edward Said o Georges Didi-Huberman), como estandarte iconográfico de la forma carnavalesca (Mijail Bajtin, Walter Gibson o Victor Turner), como eficaz ingrediente de la denuncia política (Esther Acevedo, Serge Gruzinski o David Freedberg), como espejo deformante del supremacista racial (Beatriz Gonzalez o Elias Palti) o como máscara social (Henri Bergson, Hans Belting o Ernst Gombrich).
En fin, es una idea todavía en estado embrionario, pero quizá podría plantearse como actividad ludica conectada a un evento como la Feria del Libro de Villavicencio, o eventos similares. Ya por lo menos tenemos estas notas preliminares.